Mi 2 Amates Querido

Entre 1995 y 2002 viví exiliado en la hermana república de Dos Amates ahí pinté, escribí, me mecí en la hamaca y enterré a mi mamá, en total  fueron 7 años de contemplación reflexión y mucha locura algo que solo la selva puede dar

Esta exposición en Xalapa es una remembranza de otra hace 13 años en san andrés tuxtla con el mismo tema y los mismos participantes Deborah Jaramillo, Primitivo Rojas, Héctor Brauer y un servidor a continuación las palabras con las que inauguré:

Ya mis compañeros hablaron sobre el por qué de la exposición y dieron los respectivos agradecimientos, por lo que solo voy a contar unas anécdotas que refleja lo que significó vivir en la selva todos esos años:

Eran como las 3 de la mañana cuando escuché unos gritos de una muchacha

-Kuate Kuate ábreme!.

Que remedio medio dormido y medio desnudo voy y abro la puerta entre ladridos de mi perra Camila y los llantos de una muchacha hermosa poco a poco me jui despertando.

– Qué onda Laurita

– Perdón por molestarte a esta hora pero ando huyendo de mi papá que se quiere pasar de listo puedo pasar.

– Pos si

Realmente ya estaba adentro y cerró la puerta con prisa pero sin hacer mucho ruido me hizo una señal pa que guardara silencio y así como así dejo de llorar instantaneamente, nos acercamos a la ventana para ver a través de la cortina en cosa de segundos pasó la silueta de mi vecino Don Tiborio corriendo por la calle bufando como un toro en brama, machete en mano, caminaba hacia arriba y hacia abajo pa colmo la Camila no dejaba de ladrar y nosotros cada vez más asustados, ya me imagino a don tiborio elucubrando.

 -Pos sepa dios a donde se jue a meter esta canija muchacha.

 Intimidado por los ladridos de los perros y el canto de los gallos, pos no le quedó de otra al señor que regresarse a su casa. La Laurita  se recostó en el sofá llore y que llore y yo con un miedo de aquellos me retiré a mis aposentos, cada quien tratando de conciliar el sueño a su manera.

Cuando dieron las nueve ya con varias personas caminando por la calle por fin tuvimos el valor de salir de la casa, claro después de checar que Don Tiborio no anduviera por ahí, jalamos directito a buscar a su hermana y respectivo cuñado que vivían por la barranca después de tomar un reconfortante café decidimos ir todos juntos a ver a las autoridades del pueblo, que para variar uno de ellos era hermano del susodicho y no pos cual confianza le íbamos a tener, ellos quedaron de llamar a la policía de Catemaco y todos regresamos almorzar a mi casa todavía con los nervios de punta.

Cuando ya por fin nos proponíamos tomar un merecido descanso en las hamacas se escuchan unos gritos cada vez más fuertes hasta que vemos cruzar la figura de Don Tiborio por mi jardín y se nos queda mirando enfurecido nos grita pinche Kuate me la vas a pagar le tira un machetazo a la Camila que lo logró lo esquivar y se salta por la otra barda para escaparse rumbo al monte la policía corre y corre detrás de él, los policías fieles a su costumbre y gordos por tanta cerveza cuando lo iban alcanzar.

Nos quedamos como petrificados del miedo varios días en mi casa incluyendo a el cuñado su hermana y un sobrinito bastante latoso dee por sí, hasta el día en que llegó el tío-autoridad avisarnos  que no había nada de que temer asunto arreglado Don Tiborio se iba lejos para nunca volver con la condición que retiráramos la demanda en la policía resulta que el señor ya la debía pos les había cortado la cabeza a dos primos a machetazos en un pleito de cantina, toda una fichita.

Unos días después las autoridades del pueblo vinieron a visitarme pensé que me iban a condecorar, hacer un homenaje, cual fue mi sorpresa cuando empezaron a regañarme que yo era fuereño que no me siguiera metiendo  en lo que no me importaba porque en un futuro me podría ir pior.

Laurita hoy vive felizmente casada con dos hijos y un marido que no le pega ni es borracho eso ya es mucho pedir en la selva, pero ya no es tan bonita como antes se puso toda gorda como una pelota.

Moraleja vivir en la selva puede ser peligroso pa tu salud.

Viene la siguiente anécdota un poca más relajada:

Cuando llegué a la selva la gente buena del campo me venía a visitar mi casa yo era la sensación, poco a poco se convirtió en una romería toda el mundo me pedía ayuda, se robaban cosas, jugábamos dominó hasta altas horas de la noche, no faltó los que querían controlar mi vida a bases de chimes.

Un buen día cansado de tanto alboroto me fuí de vacaciones al sureste a por la ruta Maya en donde tuve una revelación, para no hacer el cuento largo,  regresé zaz que me pongo a correr a todos emulando a el Bravo Ulises en su regreso a Itaca y zaz que me quedó solo.

Se corre el rumor de que me había vuelto un ojete, un creído, un amargado que estaba deprimido, lo curioso es que de ahí en adelante empezaron mis mejores días en la selva, viví tranquilo, aprendí a valerme por mi mismo, a disfrutar lo que era la naturaleza, a redescubrir la lectura hábito que había perdido hace mucho tiempo y claro me puse a pintar.

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